Ha fallecido mi compañero

Hoy he atendido a una persona. Ha venido a la consulta porque su compañero, Txiki, se ha muerto.  

Txiki, desde hace 14 años estaba siempre a su lado, compartiendo la vida. Ha fallecido en la clínica, tras meses de dolores e ir viendo como poco a poco el brillo de sus ojos se apagaba, al tiempo que se acortaban sus paseos. Vivió a su lado su cambio de trabajo, la marcha de sus hijos de casa y cientos de escapadas que hacían juntos. Han conocido a muchas otras personas y también, a otros perros. Fue creando con él un vínculo y una relación que nunca había esperado y de las cuales ha disfrutado muchísimo.

La muerte de Txiki ha generado un duelo para esta persona y como tal debía adaptarse a su ausencia y al cambio que ello supone en muchos aspectos de su vida cotidiana.

En esta ocasión el trabajo se ha dirigido no solo a aceptar el vacío que ha dejado la pérdida, sino también a gestionar el profundo sentimiento de culpa que tenía. Creía que no había estado lo suficiente para cuidar de Txiki, y que tal vez le podía haber acompañado mejor en estos últimos meses. Le resultó muy complicado y doloroso llegar a tomar la decisión de llevarle al veterinario para que le pusieran la inyección. Sin embargo, aceptar que uno hizo lo mejor que sabía y que pudo en cada momento por cuidar y acompañar a su mascota es imprescindible para transitar el duelo de forma sana.